LAS CANCIONES

La primera canción, la que abre el disco, Cuatro vueltas a aquello es la página de un diario puesta en música, no demasiado complacido con lo que has vivido y experimentado. Ellos hablan de la soledad del hombre actual, de su incomunicación, sentimientos provocados por este sistema que impera en la vida cotidiana, donde nada se puede hacer si no es con su beneplácito. La soledad que se respira no puede ser más aparatosa:

Está de vuelta en casa–es todo lo que tiene
sabe que es uno más entre la multitud
Sonríe por un minuto–piensas en ti mismo
todo forma parte de sentirse bien
Sentado en la medianoche–las luces brillan fuera
crees que el mundo está pendiente de ti
Vistiendo la misma ropa –dirás que estás de paso
no sabes lo que estás haciendo aquí

Musicalmente es un honesto homenaje en clave de “northern soul  de clase trabajadora”, donde la sección de metales y el bajo adquieren ahora el protagonismo.

Watch the stars es una canción tradicional de las montañas de los Apalaches que tiene una popularidad y una edad considerables, pero que antes nunca había sido cantada de esta forma. Es un oscuro, raro y extraño “american folk song for chistmas”, escuchado en un viejo disco de las Peege Sister bajo la supervisión de Pentangle.

Con un agudo sentido de la melodía y profundamente humano en la letra, la tercera canción,
Una carta desde el principio del verano. Por ejemplo, es una canción de amor de la variedad más compasiva, lo que demuestra un verdadero enfoque humanista que informa a su música. El humor, así como un sostenido y personal compromiso con la política y las cuestiones humanitarias.

Campamento repite el espíritu y alguna de las palabras de Este carril de bicicletas y es el lamento y el dejar las cosas tal como están, no mover un dedo por la perdida de un amor. La primera en un tono sarcástico, casi humorístico y la segunda más oscura e intensa.

El disco continua con la fuerza instrumental de una de las canciones cantadas,
Afortunadamente no vivía en ese lugar, no interesa, en un guiño al clásico de los Dexis Midnight Runner. Reinterpretada con el motivo de componer una nueva melodía y un nuevo escenario –aquí para Ken Loach–. En esta ocasión es Vanesa Spin la que lleva todo el peso y su recreación de la melodía en el órgano farfisa –tan del gusto del grupo– en uno de los hechos más extraordinarios.

La vida en general es el segundo instrumental de dos que hay en el disco. Una pequeña canción tratando de mezclar pop y política: coges el ruido de una fábrica y en ese justo momento las autoridades nos reclaman ante un ataque de fuego antiaéreo. Alguien manda un mensaje en morse. La urgencia de ver como la vida que has construido se desmorona en unos pocos segundos.  

Nunca habían cantado No te fies de los coches que vienen delante con anterioridad a esta sesión de grabación. En esta ocasión la guitarra y la voz se entrelazan en un duelo de trombón y trompeta a parte iguales. De nuevo una disputa, alguien que te apoya y el decidir que hacer ante ello. Lo explican claramente cuando cantan al principio y despues al final:

 La madre dijo que era yo el que tendría que estar allí–
después de tanto pensarlo
Los vi pasar y después hablar todavía están aquí–
todas las respuestas que espero

 ... En la penumbra de la habitación–el fin de semana empieza hoy
porqué  malgastar el mundo–de ahí fuera

Familiar es una canción del tipo de las cantadas por los grupos de esencia mod.

Una canción de Joe Hill es el esqueleto en el que el grupo se basa para su
There is power in a union, aprendida de un viejo disco de Billy Bragg. Es la primera vez que hacen un arreglo de este tipo (sección de cuerdas) para presentar una canción como esta y es ahí donde se sienten cómodos. De una u otra forma, vuelven a sacar provecho de las enseñanzas “billibragdianas” para componer.